martes, 11 de marzo de 2008

Tres minicuentos





Razón de Estado.

 ¡ Estoy harto de todo esto ¡ de negar y ocultar nuestra relación, de la misma rutina, tener que cambiar mi semblante, fingiendo interés, por escuchar sus mitómanos relatos sobre: Aladino, Ali baba o Simbad, aparentar el caer en un sueño profundo y por fin al abandonar Scerezada mi habitación , sigilosamente correr como un loco a la tuya, a tus brazos; ¡Eunuco de mi corazón!

Mirada de amor

Después de caminar juntos por el bosque, con las manos entrelazadas, nos sentamos en el borde de la fuente. Te miré a los ojos, sucedió como un juego, queriendo que tu mirada adivinara mi enamoramiento. Absorto en tu rostro, oía a los lejos, el sonido manantial del agua y tu voz preguntando: ¿Estas bien? ¿¡que tienes? Sin perder tu mirada, mis ojos te sonreían, te gritaban que te quería. Moría por que intuyeras, mi deseo por tu ternura, por un beso tuyo.

Y hoy maldigo el estar aquí furioso, amordazado, atado, entre estas cuatro paredes acolchonadas gritando en silencio:  ¡Estúpida!



Tu marido psicoanalista te esperaba para cenar.


En la oscuridad del lecho, en la deslumbrante desnudes de tu cuerpo, después de mi ternura, de mis caricias que procuraron tus sensaciones voluptuosas. Después de las transformaciones de tu cara por la intensidad de tu orgasmo, en la tibieza de las sabanas y de tu cuerpo, aún arañando y apretando al mío, sentenciaste: ¡Sí, no lo sentiste no es mi culpa! y con prisa te dirigiste al baño.