jueves, 13 de marzo de 2008

Reproche.



Te oigo lluvia

caer en racimos.


Dormido te percibí,


oí el susurro de viento,


oí el sonido de las hojas,


la sinfonía de la lluvia,


al caer en el follaje,


como amante violento,


con su gama de ruidos acuáticos;


en las ramas,


en las piedras,


en las charcas,


en el cauce que por la pendiente corría,


en las azoteas,


en la tinas,


en los vidrios de las ventanas.


Después tu torrencial ceso,

se torno una pertinaz y fina lluvia.


¿Porque te oigo lluvia

y no me dices nada?



¿Porque te oigo lluvia

y no inquietas mi pecho?


Quedó el sonido del río cuesta abajo,


sobre lo verde,


sobre el aroma,


oí el croar y a los grillos


y me quede dormido.