lunes, 17 de marzo de 2014

Advertencia no es droga que se venda



En la noche clara,
una fragata en la infinidad
de la mar.  

Y en  la altura,
la luna, una luna de piratas.

En la corbeta, se distingue
una figura esbelta, con faja y espada
La brisa suave,  revuelve su cabellera
Su mirada en lejanía, vislumbrando a los lejos
un faro y la costa.

Se precipita la lluvia.
A la luz de los rayos,
un desembarco de noche.
En el malecón, un carricoche,
y la alegría del reencuentro

En el paisaje, ella abrazada al corso
Como fondo, un galeón y el océano,
con la mar embravecida.

El mozo, fue antes un marino.
¡Hoy es un corsario, navegante,
tránsfuga y perseguido!
Ella un amor imposible, por ser ella
hija, de un señor importante

En plena mar la fragata
En la altura, la luna llena,
blanca. 


La Luna de los amantes,
La noche abierta a las estrellas.

En el silencio una gran nube viaja.

En sus oídos confidencias,
y la humedad de sus labios. 
El mejor de los vinos,
en la suavidad de la seda.

El aroma a océano en el entorno. 

Olor a plantas marinas y plancton, 
a bienestar, a sulfuro de dimetilo,
que revivió de los amantes el brío,
el fuego, la pasión…  y lo sentido.

En el cielo claro
luna y nube se enredan.

¡Damas
esta historia terminó!
 

Quizás algunas se han figurado a un Antonio banderas
a Richard Gere, a Andy García
o a Brad Pitt, a Kevin Bacón
a Facundo Aranda, o Leonardo di Caprio.


Quizá hasta a un  ex no-vio
Algunas otoñales, entre cortados suspiros
a Waren Betty, a Paul Newman,
así sin fin... hasta llegar a un Erol Flynn. 

La imaginación es de ustedes.

El responsable del verso soy yo. 


El responsable del particular olor de la orilla del mar es un gas fuertemente oloroso llamado dimetil sulfuro, y no es una droga que se venda.