viernes, 11 de septiembre de 2015

Refugiado del dolor -Un recuerdo de Pedro Garfias-






Hay alguien a quien siempre pido perdón
a ese niño que en la vereda se perdió.

Yo conocí a un poeta,
a un inmenso poeta,
como el mar que lo trajo a Veracruz.
Inmenso como España.

Lo conocí siendo yo muy joven.
Por un tiempo, vivió en nuestra casa.

Lo recuerdo con cariño;
huraño, sentado en un sillón,
devorando lecturas.
En un día se bebía una botella de tequila,
a sorbos, despacio, en el transcurso de la vuelta
de las hojas, paladeando un libro.

Conviví con él.
a duras penas aceptaba
cortase el pelo, asearse,
cortarse las uñas de los pies,
siempre perezoso.

Su libreta permanecíá en el buró
En ella escrita dos líneas
que nunca crecieron

Había escrito lo que tenia que decir;
de su España, de sus amores,
de su padre, de su árbol,
de su cielo,
de sus sueños, de sus huesos.

su voz, era una voz,

cascada por el vino, por las farras,
nasal, gutural. Que en su juventud fue inmensa.

Poseía una memoria prodigiosa
para recitar de España a sus poetas
y una cara fea de ermitaño,
de ogro gruñón y aislado.

Recitando su rostro se transformaba,
narrando la poesía como un juglar
El viejo bebedor por medio de su voz
te trasportaba de la alegría, al llanto
a los sentimientos encontrados…
a los perdidos
a la poesía de todos los tiempos,
a su poesía honda,
desgarrada.

Lo recuerdo en su cumpleaños
en la casa de mi hermana, con sus amigos:
el "Niño del brillante",
guitarristas de cante jondo
de la hermana de Carmen Amaya,
en su bohemia;
con sus tragos,
con su emoción,
con su España,
que se encontraba ahí gracias a los amigos.

A recitar Primavera en Eaton Hastings.
Volvía a su voz a su cuerpo, a su fisonomía
todo el dolor, por el amor perdido
por la inmensa, por la oceánica lejanía
de su primer amor, su patria
Su voz se convertía en un grito
en un reclamo, en un balar huérfano,
sin su patria.

Recuerdo aún tu voz recitando Asturias
y se me erizan los vellos

Asturias, si yo pudiera,
si yo supiera cantarte...
Asturias verde de montes
y negra de minerales.
Yo soy un hombre del Sur
polvo, sol, fatiga y hambre,
hombre de pan y horizontes...
¡Hambre!
Bajo la piel resecada
ríos sólidos de sangre
y el corazón asfixiado
sin venas para aliviarte.

-Aquí las lágrimas me era inevitables:

Los ojos ciegos, los ojos
ciegos de tanto mirarte
sin verte, Asturias lejana,
hija de mi misma madre.
Dos veces, dos, has tenido
ocasión para jugarte
la vida en una partida,
y las dos te la jugaste. 


¿Quién derribará ese árbol
de Asturias, ya sin ramaje,
desnudo, seco, clavado
con su raíz entrañable
que corre por toda España
crispándonos de coraje?
Mirad, obreros del mundo
su silueta recortarse
contra este cielo impasible
vertical, inquebrantable,
firme sobre roca firme,
herida viva de su carne.

Millones de puños gritan
su cólera por los aires,
millones de corazones
golpean contra sus cárceles.

Prepara tu salto último
lívida muerte cobarde
prepara tu último salto
que Asturias esta aguardándote
sola en mitad de la Tierra,
hija de mi misma madre.

(¡Ay poeta! hoy podrías vivir de las regalías de la letra de tu poesía con música de Víctor Manue.l Tú que viviste en la absoluta pobreza y de la caridad de los amigos. Como sonreirás al escuchar este canto y más al saber que es el himno del pueblo, del pueblo al que tanto amaste, al que defendiste, al que te entregaste.)

Te recuerdo con mi madre conversando ,
era un domingo, yo quería salir ,
para mirar a mi novia a la salida de la iglesia.

Ella tenía los ojos azules como los de mi madre .
Mi madre me negaba el permiso y tú saliendo
de tu aislamiento,
de tu aspecto huraño, le dijiste:
¡Dejadlo que va a ver a la paloma! con guasa, socarrón

Querido poeta debes saber que de ese tiempo
recuerdo, mi amor a la paloma
Siempre lo guardare en mí, siempre te guardare en mí.
Ere parte de ese padre al que nunca conocí
de esa España que quizás veré.

¿La paloma? voló, no valía la pena.
Fue únicamente unos ojos azules,
el mismo nombre de mi madre
y una boca que reía siempre. Nada más.

Pero te agradezco la intención:
¡Dejadlo que va a ver a la paloma!



Oir a Pedro Garfias


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